más de 350.000 notas de prensa publicadas  
agencia internacional de noticias
notas de prensa
publicar
24 horas
mapa
noticias gratis
 
  ¿Qué? |¿Por qué?| Servicios | Contenidos |Aprenda Contratar Busca y compra online compras Busca millones de vídeos vídeos

  busca y recomienda millones de vídeos  
noticia patrocinada
noticias.info: publique ilimitadas notas de prensa y envíelas a todos los medios de España por sólo 299€/año
 

 


  Google
  Internet
noticias.info


Archivo > 2004 > Mayo > Miércoles 5 > noticia n° 23.236





Fuente : Federación Internacional de Fútbol (FIFA)
http://www.fifa.com/es/index.html

El largo camino hacia el nirvana del fútbol

/noticias.info/ Incomprendido por los entrenadores y sin la confianza de sus compañeros en una carrera plagada de lesiones, la luz de Roberto Baggio ha brillado hasta hacer que sea reconocido como uno de los más grandes futbolistas italianos de todos los tiempos. El reportaje especial de esta semana de FIFA.com hace un repaso a la trayectoria de un italiano del norte, que combinó una exquisita habilidad futbolística con un aura mágica procedente de una mirada angelical y de la capacidad de golpear en los momentos más cruciales, de derrotar a todos los demonios que se interponían en su camino y ser aclamado por millones de entregados seguidores de todo el mundo.
El largo camino hacia el nirvana del fútbol

La historia de Baggio no es igual a la de la mayoría de los futbolistas contemporáneos. Es un compendio de sacrificio y dolor en una lucha de 20 años por sobreponerse a las lesiones y explotar la genial habilidad con la que nació. El italiano, de pómulos cincelados y rasgos apuestos, aunque también de estatura relativamente pequeña y con un físico frágil en una época del fútbol en la que los atletas primaban sobre los artistas, necesitó toda la férrea determinación que había detrás de esos cautivadores ojos azules para triunfar. Baggio llevaría esta batalla de la belleza contra la fuerza bruta durante dos decenios, cautivando la atención de un público italiano y mundial enamorado de un futbolista único cuyo toque, talento y creación muchos ya creían perdidos para los Azzurri.


Control mental

Sexto de ocho hermanos, nacido en 1967 en Caldogno, un pueblo cercano a Vicenza, Roberto tenía 15 años cuando debutó con el equipo local, de la Serie C1. Tres años más tarde estaba jugando en la Serie A con el Fiorentina, pero sufrió la primera de las tres lesiones separadas de rodilla que amenazaron con poner fin a su carrera. El introvertido italiano se convirtió al budismo. “Necesitaba algo más profundo que la religión católica. El budismo me ayuda a controlar mejor mi mente”, explicó, aunque tardó tres meses en decírselo a su madre.

Eso supuso un punto de inflexión. Rechazó el estilo de vida de un futbolista estereotipado, se casó con el amor de su infancia de Caldogno y, aunque la religión por la que optó y sus prácticas solitarias y meditativas antes de los partidos lo alienaron de modo natural de sus compañeros de equipo, dieron a Baggio, entonces con 20 años, la fuerza interior que necesitaba para rendir a pesar del dolor. Aunque no era un delantero a la usanza, pronto empezó a conseguir goles para su nuevo club y a ganarse el corazón de los florentinos, ya mimados por la contemplación diaria de un arte fabuloso.

Cuando Baggio fue traspasado al Juventus por 13 millones de dólares, una cifra récord en el mundo, antes de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990, esos adoradores protagonizaron disturbios durante dos días. Si bien el planeta no sabía por qué, pronto lo descubriría, cuando el italiano regateó a la mitad de la selección checoslovaca para marcar el mejor gol del torneo en su primer partido como titular, el último de la liguilla de Italia. No fue suficiente. El seleccionador Azeglio Vicini dejó al nuevo “chico de oro” fuera de la semifinal, que Italia perdería ante Argentina en los penales. No sería la última vez que esa decisión de un entrenador dolería al público italiano, apasionado por el fútbol. “Me dijo que parecía cansado”, dijo el decepcionado jugador, que había entrado en juego en la segunda parte, transformando uno de los penales de Italia. “¡Tenía 23 años! Hubiera comido la hierba por jugar”.


Desubicado

Había llegado la grandeza, y casi todos lo sabían. El problema era que el juego estaba evolucionando, y la escuela milanesa de fútbol de presión ideado por Arrigo Sacchi y Fabio Capello no tenía sitio para “individualistas” como Baggio. Ni siquiera el legendario francés del Juventus Michel Platini tenía el puesto garantizado. “Baggio sigue siendo un 9 y medio, es decir, un delantero que opera desde atrás. Pero en un juego cada vez más uniforme es uno de los pocos que pueden inclinar la balanza”, afirmó en 1993, el año en que el jugador había confirmado verdaderamente todo lo que prometía y ayudado a la “Vieja Señora” a conquistar la Copa de la UEFA, consiguiendo por añadidura el premio al Jugador Mundial del Año de la FIFA y el Balón de Oro europeo.

Baggio, de 27 años, estaba en su mejor momento, con su divina poesía de coleta en movimiento, y a las puertas de otro torneo mundialista. Con Italia reducida a diez hombres tras 22 minutos en su segundo partido de EE UU 94 (había perdido 1-0 ante la República de Irlanda en su estreno), Sacchi sorprendió a todo el mundo y dejó mudo de asombro a “Il Divino Codino” retirando del campo al número 10 de la selección transalpina. El cambio táctico surtió su efecto, Italia ganó y acabó clasificándose, pero fue Baggio quien salvó a Italia en las fases de eliminatoria, logrando en los minutos finales los goles contra Nigeria y España, y dos en la semifinal contra Bulgaria, catapultando así a su país a la final de la Copa Mundial de la FIFA, en donde aguardaba Brasil.

El dolor del sacrificio físico dio su aviso, y los médicos aconsejaron al héroe de los cinco goles que no jugase. En los días previos al partido más popular de cualquier evento deportivo del mundo, millones de personas rezaron en todo el planeta, mientras que en el exterior de un templo budista bangladesí, a cuya restauración Baggio había contribuido económicamente, cientos de personas corearon cánticos por su salud.

El fervor era tal que a Sacchi no le quedó otra opción. “Recibí una descarga y me rompí un diente”, dijo un Baggio repleto de adrenalina describiendo la inyección. “Por desgracia, los italianos comemos pasta al dente”.


Una final mediocre

Ese día no ganó el fútbol, y más de 120 minutos más tarde Baggio fue el último hombre que se dirigió cojeando al punto penal, pero no el primero que enviaba el balón a las alturas. “Yo estaba allí en cuerpo y espíritu, mi concentración era buena. Normalmente los lanzo con el lateral, pero tenía tan poca energía que intenté machacarlo”.

04/05/2004 notas_de_prensa_archivo

<< volver | Portada

  busca y recomienda millones de vídeos  

Advertencia Legal: El contenido de las noticias, comunicados, notas de prensa, actos de agenda y entrevistas aparecidas en esta web es
responsabilidad exclusiva de la empresa u organización que las emite. noticias.info se limita a reproducirlas íntegramente.
© 2002-2008 NoticiasB2B, S.L.; Tel. (+34) 934 523 480 - info@noticias.info; Todos los derechos reservados.