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Fuente : UNHCR (UN High Commissioner for Refugees)
http://www.unhcr.ch/
Cruzando un continente para encontrar paz y tolerancia
/noticias.info/ MADRID, España, 10 de agosto (ACNUR) – Cada año miles de personas arriesgan sus vidas tratando de cruzar el mar Mediterráneo en frágiles embarcaciones en busca de mejores condiciones de vida en Europa. Entre ellos se encuentran hombres, mujeres y niños que huyen del conflicto en su país de origen y necesitan un sitio seguro al cual llamar hogar.
Idrissa* estaba a penas en la adolescencia cuando la brutal guerra civil en Sierra Leona mató a sus familiares y lo obligó a escapar desde la capital del país, Freetown, en 1999. A sus 14 años fue reclutado forzosamente por el grupo rebelde Frente Revolucionario Unido. Después de pasar tres meses inmerso en el conflicto logró escapar hacia la vecina Guinea.
Cuando regresó a Sierra Leona encontró las condiciones de vida muy difíciles debido a su pasado militar. “Todo el mundo me veía con ojos de sospecha, ya que todavía cargaba un arma conmigo. Me sentía diferente, siempre sometido a juicio, y alejado de mi gente”, explica. Para evitar el acoso diario, él se embarcó en otra travesía, primero hacia Guinea y luego a Gambia.
Sin embargo, la continua inseguridad llevaron a Idrissa a tomar la importante decisión de abandonar África e irse a Europa. “Fue muy difícil tomar un bote y dejar atrás mi pasado, a los pocos parientes que sobrevivieron y a mis amigos. No pude dejar de llorar durante el viaje y mis esperanzas de un futuro mejor se desvanecían kilómetro a kilómetro”, recuerda.
Como en el caso de Idrissa, el futuro de Mohammed* se ensombreció por el conflicto civil en Guinea. Aun tiene una cicatriz en su brazo izquierdo por un disparo que recibió a la edad de nueve años. Poco tiempo después sus padres fueron asesinados en un ataque contra su pueblo, Forecariah, al sudoeste de Guinea. A él se lo llevaron y lo obligaron a convertirse en un niño soldado.
A su huida comenzó una travesía junto a su hermano, que duró más de dos años y pasó por países como Senegal, Malí, Guinea Bissau, Níger, Mauritania y Argelia. El perdió a su hermano en una tormenta en el desierto en Níger y continuó la travesía solo.
La vida en la ruta fue turbulenta. Mohammed recuerda que estando en Marruecos un anciano lo recogió de una calle y le curó los pies, que estaban completamente infectados después del largo camino. Más tarde se unió a un grupo que quería cruzar hacia territorio español a través del bosque de Bel Younes, cerca de Ceuta, el pequeño enclave español ubicado en el norte de África. Allí fueron atrapados para la policía marroquí, mientras intentaban escalar la alta barrera de alambres entre Marruecos y Ceuta.
Pese a encontrarse justo a unos pocos kilómetros del estrecho de Gibraltar, España parecía un mundo aparte para los desesperados muchachos Mohammed e Idrissa. Aquellos que logran cruzarlo a menudo llegan en malas condiciones, física y mentalmente exhaustos de la travesía.
Bajo la ley española la entrada irregular de un solicitante de asilo no es penalizada si la persona en cuestión puede probar a las autoridades que él o ella reúne los criterios para ser reconocido como refugiado. Como tal el solicitante de asilo debe suministrar hechos concretos y concluyentes que demuestren temores fundados de persecución antes de que pueda ser admitido en el procedimiento de asilo. Las entrevistas son llevadas a cabo ya sea por la Oficina Española para Asilo y Refugiados o por las autoridades de policía, y las decisiones deben ser tomadas en un plazo de cuatro días determinando si las solicitudes son admisibles para el procedimiento de la determinación de la condición de refugiado regular.
Al ACNUR se le informa sobre las solicitudes de asilo y tiene libre acceso al solicitante de asilo y a sus expedientes. El personal de la agencia está siempre listo para asistir a los recién llegados como Idrissa y Mohammed, los cuales pueden estar traumatizados, desorientados e inseguros sobre sus derechos y procedimientos de solicitud de asilo.
“Jugamos un papel vital al dar nuestra opinión sobre la admisibilidad de las solicitudes que se reciben en los puntos fronterizos o dentro del territorio de España”, señala Carlos Boggio, representante del ACNUR en España. Esta situación es especialmente importante cuando las personas cuya admisibilidad es denegada en la frontera deciden interponer una apelación ante la Corte Nacional.
“Según la ley en los casos en los que la opinión del ACNUR es la de admitir a un solicitante de asilo en el procedimiento y el Ministerio del Interior no está de acuerdo, al solicitante se le permitirá ingresar al territorio por la Corte, teniendo pendiente una decisión final sobre la admisibilidad por la misma instancia”, explicó Boggio.
Las personas que buscan asilo desde dentro del territorio español –y no en los puntos fronterizos, tal y como se indicó anteriormente- tienen un periodo de tiempo de 60 días, antes de que sus solicitudes sean resueltas como admisibles para proceder al procedimiento de asilo o no. Entre tanto se les expide un documento de identificación provisional de parte de las autoridades gubernamentales relevantes.
En agosto del 2004 Idrissa, el ex niño soldado de Sierra Leona, solicitó el reconocimiento de la condición de refugiado en España y después de varias entrevistas con la Oficina Española de Asilo y Refugiados y el ACNUR, se le otorgó una forma complementaria de protección en junio de este año. Ahora a sus 20 años su mayor prioridad es el retomar su educación secundaria, que ha interrumpido varias veces a consecuencia del conflicto en su país de origen. Pero aun y cuando espera con ansias una nueva vida, dice que nunca olvidará los horribles días en el frente de batalla.
Mohammed de Guinea, hizo la solicitud de asilo en la embajada española en Rabat, Marruecos, en abril de este año. El fue reconocido como refugiado en julio y ahora está viviendo en un centro para menores no acompañados en Madrid.
Pese a los muchos obstáculos presentados en el camino, nunca se dio por vencido ante su búsqueda de seguridad porque “quería regresar a la escuela y continuar con mi entrenamiento de fútbol”, dice. Ahora con 14 años Mohammed no sabe dónde se encuentra su familia o si su casa en Guinea todavía está en pie. La única cosa que sabe es que una nueva ciudad, una nueva escuela y nuevos amigos lo están esperando en España. “Tengo que comenzar de cero, pero al menos en un sitio seguro. Esto me da fortaleza”.
* Nombres ficticios
Por Francesca Fontanini
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