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Fuente : UNHCR (UN High Commissioner for Refugees)
http://www.unhcr.ch/
UNHCR : Refugiados de Bosnia y Herzegovina permanecen aún en Hungría
/noticias.info/ DEBRECEN, Hungría, 26 de agosto (ACNUR) – Con sus rostros octogenarios y su júbilo infantil, un grupo de refugiados adultos mayores en un pabellón mental del centro de recepción en Debrecen, al este de Hungría, le cantaron una triste canción folclórica bosnia, sevdalinka, a un grupo de visitantes del ACNUR. Incluso los funcionarios humanitarios temporales tuvieron que contener las lágrimas en esta improvisada sala de atención a pacientes con problemas mentales, donde un grupo de adultos mayores quedó atrapado durante la guerra de los Balcanes con pocas esperanzas de retorno.
El piso superior de la clínica del campamento está reservado para los pacientes con problemas mentales. Grupos de dos o tres personas comparten agradables habitaciones soleadas. Para el almuerzo todos los pacientes hacen una pequeña caminata a la cafetería, donde comen antes de que los otros refugiados arriben. El mejor momento del día es cuando se les permite a todos fumar un cigarrillo después del almuerzo.
Cuando llegan los visitantes, se aglomeran alrededor. “¿Es usted de la embajada de Bosnia? ¿Podemos irnos a casa?” preguntan con tonos agitados.
El grupo original de 40 pacientes llegó a Hungría en 1992 cuando su centro de apoyo mental en Jakes, al norte de Bosnia, fue evacuado debido a la guerra que azotaba a Bosnia y Herzegovina. El personal médico que los acompañaba los dejó en el centro de recepción de Nagyatad, y se marcharon a cuidar a sus propias familias.
Con el paso de los años algunos miembros del grupo fueron llevados por sus familiares, otros fallecieron en Debrecen. Hoy sobreviven 29 de ellos en un campamento para refugiados, soñando con el día que podrán regresar a casa. “Tengo que regresar porque tengo que lavar y planchar. Me espera mucho trabajo”, dice Danica, muy ocupada.
María habla de “mi pequeño bebé”, un niño que será un adulto en la actualidad. Pero todos ellos dejaron de contar los años hace mucho tiempo. El tiempo no es un problema en el mundo que viven estas personas.
“Ellos son como niños y los queremos mucho”, dice una de las personas que se encarga de cuidarlos en el sanatorio.
Después de tantos años las enfermeras han desarrollado una relación especial con el grupo. Se comunican en una mezcla de bosnio y húngaro, que parece funcionar.
Desde hace 13 años las autoridades húngaras se han hecho cargo de los pacientes, quienes requieren medicamentos caros y cuidados las 24 horas. De vez en cuando un médico viene a verlos.
“El centro nos cuesta 30 millones de florines, unos US$ 150.000 cada año”, dice la directora del campamento María Terdik. “Las negociaciones entre el gobierno húngaro y la embajada de Bosnia se han desarrollado con los años, pero todavía no hemos encontrado una solución”.
El problema es bastante complejo. Bosnia y Herzegovina todavía se están recuperando de la destrucción ocasionada por la guerra.
Las instalaciones médicas son escasas, especialmente para los pacientes con problemas mentales. El país no tiene capacidad para acomodar y mejorar la atención a los pacientes en el país y por lo tanto está extremadamente agradecido con el gobierno de Hungría por cuidar a este grupo de personas.
La situación es aun más complicada por el hecho de que el centro mental en Jakes era una institución yugoslava, lo que significa que los pacientes que están allí no solamente son originarios de Bosnia y Herzegovina sino que provienen de otras partes del entonces unificado país. De manera que la ciudadanía de algunos de los pacientes de Debrecen todavía no es clara.
Hungría de manera bastante comprensible, quiere resolver el problema y repatriar finalmente al grupo, 10 años después del término del conflicto –buscando el mejor interés de los pacientes. Sin embargo, el gobierno de Hungría se comprometió a mantenerlos mientras no se encuentre una solución.
El ACNUR ha estado involucrado en las negociaciones. “La gente ha crecido acostumbrada a estar con los demás. De manera que tratamos de encontrar una solución para el grupo como un todo”, dijo Lloyd Dakin, Representante del ACNUR para Europa Central. “Pero tenemos que aceptar que colocar a un grupo tan grande de pacientes en una institución abrumaría al sistema de cuidados mental de Bosnia. Como alternativa trataremos de identificar a sus familias y comunidades para ver si pueden regresar a casa dependiendo de cada caso particular”.
Entre tanto, el ritmo monótono de vida en el centro de cuidados mentales se interrumpe únicamente y de forma ocasional por los visitantes. Muchos de los pacientes se acercan para contar sus historias de vida o para pedir un cigarrillo.
La única aspiración de Bahrija es distinta a las demás –él quiere pintar a los invitados. “¿Soy un artista, puedo dibujarlo?” Con unos pocos pedazos de lápices, hace bosquejos de las caras de los visitantes sobre su cojín. Los dibujos no son malos. La remuneración de Bahrija es unos pocos florines para los cigarros.
Risto ha hecho un plan de repatriación por su propia cuenta. ¿Podríamos por favor conseguirle un pasaporte de la embajada Bosnia? Entonces, dice, él volvería a casa a recuperar el dinero de la pensión que no le fue pagada durante la última década y comenzaría una nueva vida. Tengo que irme. Quiero morir en casa”, dice “y ya no queda mucho tiempo”.
Por Melita H. Sunjic
ACNUR Budapest
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