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Fuente: © FIFA (Español)
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FIFA: Las nuevas plazas fuertes de Europa
/noticias.info/ La Historia es un eterno comienzo. Y el apartado dedicado al fútbol no escapa a esta regla: todo se basa en ciclos. La temporada que termina acaba de confirmarlo, y aunque la gran vencedora de esta redistribución de cartas sea España, nueva campeona de Europa, la campaña 2007/08 ha supuesto el regreso al primer plano de Rusia y Turquía, tanto por sus selecciones nacionales como por sus clubes.
El fútbol ruso ha vivido un año de ensueño, marcado por una semifinal de la Eurocopa 2008 y la conquista de la Copa de la UEFA, reconciliándose así con su glorioso pasado. El combinado soviético, temible en los tiempos de la URSS, fue considerado durante mucho tiempo un grande del balompié mundial, adjudicándose dos títulos olímpicos, en 1956 y 1988, y la Eurocopa de 1960, además de producir varios jugadores fantásticos, como Lev Yashin, Oleg Blokhin e Igor Belanov, todos ellos galardonados con el Balón de Oro.
Sin embargo, después de perder contra Holanda en la final de la Eurocopa 1988, vinieron dos decenios de vacas flacas, apenas aliviados con la victoria del CSKA de Moscú en la Copa de la UEFA en 2005. Precisamente ese trofeo europeo supuso el anuncio del regreso de Rusia. El modesto Zenit de San Petersburgo, desconocido en el panorama continental, sumó un triunfo tras otro hasta suceder al Sevilla en el palmarés del certamen. Los campeones de Rusia de 2007, sin ser nunca favoritos, no dejaron de ganar, eliminando sucesivamente a Villarreal (2-2), Olympique de Marsella (3-3), Bayer Leverkusen (4-2), Bayern de Múnich (5-1) y, por último, al Glasgow Rangers (2-0), para subir así a lo más alto del podio.
Un éxito con sabor holandés
El holandés Dick Advocaat, gran artífice de este paso de gigante en la progresión del club, aportó la experiencia adquirida en los banquillos de PSV Eindhoven, Glasgow Rangers o la República de Corea, así como una filosofía de juego basada en la velocidad y en el control técnico. La pareja Andrei Arshavin-Pavel Pogrebnyak fue el símbolo perfecto de este cóctel tan espectacular como eficaz, y supuso una auténtica pesadilla para las defensas rivales. El primero destaca por su visión de juego, su calidad en el pase y su rapidez con el balón en los pies, mientras que el segundo hace milagros ante la meta contraria (se proclamó máximo goleador del torneo, con 11 dianas).
Al igual que la selección soviética que se nutrió durante años del Dinamo de Kiev, el equipo nacional aplica actualmente la fórmula que tan bien funciona en San Petersburgo: un entrenador neerlandés, un artista al timón dentro del campo y un delantero potente y eficaz para rematar el trabajo. Cambiemos a Advocaat por Guus Hiddink, el mago que obra maravillas allí donde va, y al lesionado Pogrebnyak por Roman Pavlyuchenko, el artillero del Spartak de Moscú, y tendremos la fórmula ideal para sorprender a Europa.
"El fútbol ruso revive", explica Hiddink, que ha tenido mucho que ver en esta resurrección. "No sólo en las competiciones de clubes, porque el Zenit ha ganado la Copa de la UEFA, sino también con la selección. Para el fútbol ruso, el objetivo es consolidarse, recuperar su posición en el contexto europeo. Es el momento de utilizar los buenos resultados para acelerar las obras de modernización de las infraestructuras futbolísticas".
La selección ya no viste la legendaria camiseta con las letras CCCP estampadas, pero el juego que despliega no tiene nada que envidiar al de sus ilustres predecesores. Después de cerrarle el paso a la Eurocopa a Inglaterra y de clasificarse en una liguilla en la que figuraban España, futura campeona; Grecia, defensora del título; y la siempre sólida Suecia, los rusos hicieron uno de los partidos más vistosos del torneo al derrotar a Holanda, que estaba en todos los pronósticos tras el duro castigo que infligió a Italia y a Francia en la primera fase. Los eslavos acabaron cayendo en semifinales ante la Roja, pero fueron recibidos como héroes a su regreso al país, con la sensación del deber cumplido y de un mañana prometedor. "No pudieron clasificarse para la final, pero nos han dado fe en el futuro del fútbol ruso", resume el diario deportivo Sovetski Sport.
El Fenerbahçe abre el camino
Unos miles de kilómetros al sur, la temporada futbolística termina con idéntica esperanza y orgullo. Turquía es la otra revelación de Europa. Desde la victoria del Galatasaray en la Copa de la UEFA en 2000 y el histórico tercer puesto de la selección nacional en la Copa Mundial de la FIFA 2002, el fútbol turco no dejaba de encadenar desilusiones, al ser incapaz de clasificarse para la cita continental de 2004 y la mundialista de 2006.
Hubo que esperar seis largos años para devolver la sonrisa a un pueblo apasionado por el deporte rey. El Fenerbahçe, equipo más popular del país, puso la primera piedra de este renacimiento merced a sus logros en la Liga de Campeones. Bajo la dirección del brasileño Zico, los Sari Kanaryalar ("canarios amarillos") iluminaron el torneo mediante su juego entusiasta, rápido e intuitivo. Inter de Milán, CSKA de Moscú, PSV Eindhoven, Sevilla y Chelsea sucumbieron en el entregado estadio Şükrü Saraçoğlu, auténtica fortaleza cuyos 52.000 guardianes propulsaron a sus ídolos a cuartos de final.
El punto culminante de esta epopeya fue la fantástica remontada y la victoria en los penales frente al Sevilla en octavos, que quizás inspirase a la selección dirigida por Fatih Terim en Suiza y en Austria. Los turcos perdieron sin ofrecer demasiada resistencia contra el impresionante Portugal, y todos apuntaban ya a su eliminación en la primera fase. Pero no contaban con la rabia y la motivación infundidas por "el Emperador" Terim a sus hombres. "Nos trata como un padre", dice de él el delantero Semih Şentürk. "Pero cuando nos reprende, para nosotros es positivo. Táctica y psicológicamente, es el mejor entrenador que he tenido nunca".
"Recordaremos a este equipo"
¿Pruebas? En tres ocasiones, los turcos dieron la vuelta a una situación desesperada. Suiza ganaba 1-0, y perdió 2-1 en el último minuto. La República Checa se encaminaba a los cuartos de final, con un 2-0 a favor a un cuarto de hora de la conclusión, pero quedó eliminada en la primera ronda, siendo superada por 3-2 en un final de partido épico. Croacia se veía ya en semifinales cuando abrió el marcador en el minuto 119, pero Şentürk materializó el empate en el último segundo, y luego el veterano Rüştü Reçber inclinó la balanza a favor de los suyos en la lotería de los penales.
Pero los cuentos de hadas no siempre tienen un final feliz. En semifinales, contra Alemania, Terim se presentó con un grupo de sólo 15 jugadores aptos, mermado por las lesiones y las sanciones. La oportunidad de Turquía consistió, precisamente, en que nadie le daba posibilidades. El milagro estuvo cerca cuando el talismán Şentürk igualó a 2-2 en el minuto 86. Todo se decidiría de nuevo en el último minuto, pero esta vez con resultado adverso para los turcos. Aunque no se llevase el trofeo, el técnico cumplió su palabra. En vísperas del inicio del torneo, había anunciado: "El fútbol europeo se acordará de este equipo". Nadie puede negar que estaba en lo cierto.
Para Rusia y Turquía, la temporada 2007/08 habrá sido el del resurgimiento, tanto en lo que respecta a los clubes como a las selecciones nacionales. Ahora deben asumir otro reto enorme: estar a la altura de su nueva condición y refrendar lo mostrado en Europa. Porque, en el fútbol, lo más difícil no tiene por qué ser alcanzar la cumbre, sino mantenerse en ella. notas_de_prensa_archivo
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