La novela corta Donde el agua trabaja, del autor peruano David Silva Rojas, contiene un 99 % de texto generado por inteligencia artificial, según el detector Pangram. La obra ganó en julio de 2026 el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, dotado con 20.000 euros. Sin embargo, las bases de ese certamen prohibían de forma explícita el uso de esa tecnología. La editorial Almadía suspendió todos los actos de presentación previstos en España. De confirmarse, sería el primer caso de este calibre en la literatura en español.
Qué detectó Pangram en Donde el agua trabaja
El análisis se hizo con la versión 4.1 de Pangram, uno de los detectores de texto producido por máquinas mejor valorados. La herramienta procesó el libro completo, de unas 26.000 palabras. Su conclusión fue que el 99 % del contenido de Donde el agua trabaja salió de un modelo de inteligencia artificial.
Además, aparecieron otros indicios. Pangram atribuyó a una IA el 97 % de las respuestas de Silva Rojas en una entrevista publicada en septiembre por la revista Ulrica. En cambio, el texto de la periodista que firma esa pieza, con la presentación y las preguntas, resultó íntegramente humano.
Por otra parte, el detector señaló como generado por máquina el 80 % de un texto en primera persona sobre el origen de la novela. El autor lo publicó ese mismo mes en la web de Ventosa-Arrufat. Tiene 924 palabras y está escrito en prosa convencional. Ni ese escrito ni la entrevista comparten el estilo de frases cortas de la novela.
La respuesta de Almadía y del autor de Donde el agua trabaja
La obra debía presentarse este viernes en Madrid. Después, la gira seguía por Barcelona, Sevilla y Cádiz. No obstante, la editorial decidió cancelar todos esos actos. El libro se había publicado en septiembre, y su lanzamiento internacional llegó hace unos días.
En un primer contacto, la editorial Almadía transmitió su sorpresa ante la investigación. También aseguró que en ningún momento del proceso había sospechado del autor. Ante la consulta sobre borradores o registros de versiones de Donde el agua trabaja, respondió que la cuestión es compleja. Además, pidió tiempo para hablar con Silva Rojas y continuar con sus propias averiguaciones.
Más tarde, Almadía emitió un comunicado en redes sociales. Allí afirmó que el autor niega haber usado la IA en su novela. En tanto, anunció que se prepara para investigar el caso:
“Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que puede afectar a una obra y su autor”.
Unas bases que vetaban la inteligencia artificial
El premio fue convocado en noviembre de 2025 por la editorial mexicana Almadía y la fundación española Ventosa-Arrufat. Sus bases eran explícitas: “La participación en el premio implica la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial”. Además, advertían que, ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento, la obra sería descalificada en cualquier fase del proceso.
La novela resultó elegida entre 2.204 manuscritos. El jurado estuvo integrado por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, la autora argentina Selva Almada y la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. Las tres destacaron “el uso de los silencios”. También elogiaron su construcción “con un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto ni la declamación”.
El caso llega apenas dos días después de otro en Francia. Allí se confirmó que el canadiense Thélyson Orélien usó IA para escribir su novela C’était ça ou mourir. Esa obra fue premiada en Francia y aspiraba al premio Goncourt. Tras una investigación interna, su editorial se desvinculó del autor y canceló su contrato.
Quién es David Silva Rojas
Silva Rojas es abogado especializado en Derecho Penal e investigador. Nació en Ica, en el sur de Perú, en 1981. Según su relato, vivió desde temprana edad en Toyohashi, Japón. Allí habría obtenido “el primer lugar en el certamen literario Novo Mundo” con un relato en portugués, hechos que no han podido verificarse.
Este año también recibió una mención honrosa en el XXIX Concurso de Novela Corta “Julio Ramón Ribeyro”. Fue con la novela La limpieza, que no está disponible en internet. La obra ganadora es su primera novela publicada.
En entrevistas, el autor contó que el libro nació de una investigación académica suya. Ese trabajo trataba sobre los jornaleros de la agroexportación en Ica e incluyó entrevistas y visitas a las fincas. Por otra parte, explicó que buscó un estilo concreto. De Japón tomó la idea del haiku, “su capacidad de concentrar una experiencia en muy pocos elementos”. Según dijo, eso marcó el ritmo de la novela.
Donde el agua trabaja y los límites del detector
Ese estilo es un dato a considerar. Los detectores aprenden patrones, y algunos modelos de IA también tienden a las frases muy breves. No hay pruebas de que ese rasgo confunda a Pangram, que se fija en patrones invisibles a simple vista. Sin embargo, tampoco puede descartarse por completo en el caso de Donde el agua trabaja.
Pangram no es infalible. En fragmentos cortos, a veces basta cambiar una palabra para que modifique su criterio. En cambio, en textos largos su estabilidad aumenta mucho. La empresa sostiene que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona. Su consejero delegado, Max Spero, explicó en el pódcast Mixed Signals que esa tasa se mide con millones de textos anteriores a 2022 “que sabemos que no están generados por IA, pero que tampoco están en nuestro conjunto de entrenamiento”. Según esas cifras, marca como IA uno de cada 24.000 textos humanos.
Además, un análisis previo de 175 libros populares en España detectó mucho texto generado con IA en uno de cada tres superventas autopublicados. Ninguno de los libros premiados daba señales. En esas pruebas, ninguno de 56 libros publicados en 2019 y 2020 resultó marcado. Tampoco lo fueron obras recientes de Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas. El detector, en tanto, identificó los 29 textos escritos con IA para el ensayo.
Aun así, un caso concreto puede ser la excepción. Estos sistemas reconocen patrones, pero no indican qué papel tuvo una persona. La IA puede servir para una escritura casi automática o para convertir en prosa notas, entrevistas o ideas propias, y el detector no distingue entre ambas. Más delicadas resultan las bases del premio en el caso de Donde el agua trabaja: también excluían las obras escritas “parcialmente” con IA.

