La criminalidad en Brasil ubica al país entre los diez con las tasas de muerte por violencia más altas del mundo. En 2002 se registraron 32.800 homicidios. La tasa es de 20 por cada 100.000 habitantes. Esa cifra supera en más del doble el promedio mundial de 8.8 que maneja la World Health Organization.
Las cifras de la criminalidad en Brasil
La población brasileña muestra una profunda preocupación por el aumento de la criminalidad en Brasil. En el Estado de São Paulo, entre 2000 y 2003, los asaltos a conductores crecieron un 74%. Además, el tráfico de drogas aumentó un 72%. La implicación de menores en delitos, en tanto, subió un 69%.
Por otra parte, los robos con efracción en viviendas crecieron un 66%. Los asaltos a vendedores de ônibus, por su parte, aumentaron un 43%.
Otro estudio compara São Paulo con París y Londres, que juntas tienen una población equivalente. En 2000, esas dos capitales europeas sumaron apenas 270 homicidios. En cambio, la capital paulista registró 5.300 ese año y 12.638 en 2001. Río de Janeiro contabilizó 2.600 en 2000 y 5.227 en 2001.
Río de Janeiro triplica la violencia de Bogotá
En Río de Janeiro, la tasa de muertes violentas llega a 73.6 por cada 100.000 habitantes. En Bogotá, el índice es de 23.4, tras un fuerte descenso en la última década. Así, la ciudad brasileña triplica a la capital colombiana.
La ciudad vive enfrentamientos entre bandas de traficantes de distintas favelas. La policía interviene en combates que se prolongan durante horas, incluso de día. En esos tiroteos, a veces resultan heridos vecinos que pasaban por el lugar. Además, los «gerentes» de empresas de transporte clandestino del área metropolitana también se enfrentan a balazos para imponerse a sus competidores.
Entre 1991 y 2003, todos los tipos de delitos aumentaron más de un 100% en Río de Janeiro. Solo en 2003 hubo 6.624 muertes violentas. La criminalidad en Brasil crece en todos los Estados por la pobreza extrema de 40 millones de personas, el desempleo y el avance del narcotráfico.
Una policía bajo sospecha
Los agentes también son blanco de la violencia. En Río mueren en promedio dos policías por semana. En ese contexto de conflicto armado crónico, la fuerza no puede funcionar con normalidad. Esto genera dos niveles de corrupción: uno cuando el agente busca salvar su vida y otro cuando se pasa al otro lado para lucrar.
Además, la policía practica una «justicia sumaria», sobre todo en las favelas. En 2003, en el Estado de Río, murieron 45 policías en servicio y 1.195 civiles fueron ejecutados. Los cuerpos presentan en promedio 4,3 impactos de bala. El 61% de ellos está en la cabeza.
El cuerpo policial es considerado uno de los menos preparados de América Latina y de los más corruptos. Según estadísticas oficiales, es el que más mata del mundo. Datos de la Policía Militar indican que uno de cada cuatro agentes está acusado de algún crimen: en total, 10.000. En buena parte de los secuestros o asaltos aparecen involucrados policías. Muchas de sus armas terminan en manos de narcotraficantes. Sin embargo, muy pocos de los procesados son condenados.
El plan del Gobierno de Lula contra la criminalidad en Brasil
La seguridad es, junto con el desempleo, uno de los mayores problemas del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. También figura entre las causas de la caída de su popularidad. El Ejecutivo estudia un paquete de medidas para enfrentar la criminalidad en Brasil.
Entre ellas están la modernización del aparato judicial, la unificación de la policía y el refuerzo de los servicios de inteligencia. Además, se prevé un cuerpo de 1.500 hombres especializados para grandes emergencias. Esa fuerza ya opera en cuatro de las 600 favelas de Río, donde viven más de un millón de personas. En esos barrios volvió la calma y la policía trabaja como en el resto de la ciudad. Sin embargo, es un trabajo lento, con resultados a largo plazo.
Mientras tanto, en Río de Janeiro y São Paulo, el aumento de secuestros, incluso de niños, y de asaltos lleva a muchos vecinos a encerrarse. Instalan alarmas, reducen su rutina y salen solo lo imprescindible.
Secuestros exprés, el delito que más asusta en São Paulo
Los secuestros exprés crecieron un 20% en el primer semestre de 2004 frente al mismo período de 2003. São Paulo, la ciudad más rica del país, es la más afectada. Allí se registra un promedio de 500 casos por mes, poco más de 16 por día. En cambio, en Río ya casi no hay casos y en Brasilia no se registran. Las autoridades estiman que muy pocos quedan sin denunciar.
Este negocio mueve unos 70 millones de dólares al año, lo mismo que factura el narcotráfico en Río de Janeiro. Se convirtió en un foco de preocupación oficial dentro de la criminalidad en Brasil. Preocupadas por la repercusión social y política del tema en un año electoral, las autoridades paulistas decidieron reforzar los patrulleros con agentes en motocicleta. Se trata de un cuerpo nuevo, entrenado contra los «secuestros relámpago», en los que la víctima queda retenida pocas horas. Además, la policía decidió elaborar un mapa de los lugares con más casos.
La clase media, nuevo blanco de la criminalidad en Brasil
El 70% de los secuestros exprés lo cometen delincuentes «no profesionales». Suelen ser asaltantes comunes, menos preparados, más emocionales y más propensos a la violencia. Los grandes empresarios dejaron de ser el objetivo preferido. Ahora crecen las víctimas entre comerciantes pequeños y medianos, dueños de empresas de ómnibus y supermercados y propietarios de fábricas textiles.
El rescate promedio que negocian los secuestradores «profesionales» es de 35.000 reales, poco más de 10.000 dólares. En tanto, los grupos «no profesionales» piden entre 1.000 y 1.500 dólares. El tiempo medio de cautiverio bajó de uno o dos días a menos de 12 horas. Los grupos amateur carecen de infraestructura para mantener a sus víctimas encerradas más de un día.
El 62% de estos secuestros ocurre en el tránsito. Además, el 70% se produce en el trayecto entre la casa y el trabajo, es decir, en los recorridos más rutinarios.

