Marat Safin analizó el sábado 29 de enero la final del Australian Open, un duelo entre Safin y Hewitt que se disputará al día siguiente. El tenista llega a su tercera final en el torneo, tras haber perdido las dos anteriores. Además, se mostró confiado y aseguró que esta vez tiene más herramientas para manejar la presión.
Safin y Hewitt, un rival que exige paciencia y ataque
Antes de conocer a su rival, Safin no tenía preferencias entre Lleyton Hewitt y Andy Roddick. Según explicó, los dos tienen estilos distintos y ambos resultan difíciles. Frente a Hewitt, dijo, hay que atacar para ganar, pero con mucho cuidado. En cambio, contra Roddick hay que esperar las oportunidades.
Por otra parte, contó que vio el primer set de esa semifinal y luego solo los dos últimos juegos del cuarto. Para la final, su plan es sostener su propio juego desde el primer punto. En su opinión, Hewitt intenta que el rival juegue a su manera, y eso no le conviene. Por eso, planea arriesgar y ser muy agresivo.
También se propuso mantener la calma sin importar el marcador. Incluso si va perdiendo, cree que tendrá chances de remontar. Sin embargo, admitió que una final implica muchos nervios. Según dijo, después de un recorrido tan largo hasta la final, sería un poco tonto desperdiciar la oportunidad, sobre todo una tercera.
El público local y el recuerdo de la Copa Davis
La final entre Safin y Hewitt se jugará con el australiano como local. Consultado sobre el ambiente más hostil que vivió en la Copa Davis, Safin recordó la final que disputó en Francia. Entre risas, señaló que no puede haber nada peor que eso. Además, recordó que ganaron aquella serie y que él jugó un gran tenis sin sentir presión.
En tanto, elogió al público del torneo. A su juicio, la gente entiende de tenis y sabe valorar un buen juego. Reconoció que el público alentará a Hewitt cada vez que pueda. Sin embargo, considera que ese conocimiento cambia un poco el panorama. Tampoco cree que la multitud sea un problema; al contrario, piensa que lo ayudará.
Respeto mutuo y elogios para el rival
Safin descartó que las actitudes de Hewitt en la cancha lo molesten. Explicó que ambos se respetan y se conocen desde hace mucho tiempo, ya que llegaron al circuito con la misma edad y el mismo año. Además, aseguró que no se enojará si su rival grita para presionarlo.
Por otra parte, defendió a Hewitt de quienes lo subestiman. Según Safin, los periodistas lo hacen, pero no los jugadores. Recordó que fue número uno del mundo dos años seguidos. También destacó su capacidad de lucha, su anticipación, su estado físico y su lectura del juego. Además, afirmó que psicológicamente es muy estable.
Sobre su victoria ante Roger Federer, negó haber sentido pena por él. Sostuvo que Federer logró mucho más que él y tuvo un gran año. Para Safin, se trata de un partido de tenis y no del fin de la vida.
Lo que aprendió de las finales perdidas
Safin repasó sus dos derrotas anteriores en finales del torneo. En la primera, ante Johansson, le faltó experiencia, aunque ya había ganado en 2000 a Sampras en Nueva York. Además, explicó que no tenía un entrenador profesional que lo apoyara y lo tranquilizara antes del partido. Según dijo, sentía demasiada presión por la obligación de ganar.
En cuanto a la segunda final, admitió que no tuvo ninguna chance porque estaba completamente agotado. Ahora, en cambio, suma la experiencia de dos finales y viene de un buen año tras una lesión. También cuenta con un entrenador profesional que, según él, sabe manejar la presión del jugador y explicarle qué hacer.
Destino, festejos y collares en la previa de Safin y Hewitt
Antes del choque entre Safin y Hewitt, el tenista dijo que cree en el destino. Explicó que todo lo que le pasó antes tenía que ocurrir. Además, sugirió que, al estar en su tercera final, en teoría debería ganarla. Sobre el nivel mostrado ante Federer, advirtió que cada partido es distinto. Sin embargo, cree que con la misma concentración y actitud positiva tendrá una oportunidad.
Por otra parte, descartó festejar como Jim Courier, que se tiró al río cuando ganó. Prefirió no especular y dijo que todavía le queda un día de trabajo duro. Tampoco le preocupa si el techo estará abierto o cerrado. Finalmente, explicó sus collares: uno es regalo de un fan, otro es de El Señor de los Anillos y el tercero es el Corán, un símbolo musulmán.

