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El documental 200 vidas. Paco Rabal, dirigido por la cineasta sevillana Vanesa Benítez, se estrena el viernes 23 de octubre y reconstruye la vida del actor a partir de su propia voz. La película coincide con el centenario de su nacimiento. Además, se apoya en grabaciones inéditas en casete y en películas familiares en súper 8. El resultado muestra a un galán del cine del franquismo que nunca dejó de definirse como comunista.
Un archivo personal con la voz de Paco Rabal
El material de partida sorprendió a la propia directora. Al consultar el archivo del actor en el Ayuntamiento de Águilas, su hijo Benito Rabal le explicó que su padre viajaba siempre con una cámara y una grabadora. Su intención era mostrar a la familia todo lo que vivía. Así surgieron innumerables películas en súper 8 y más de 90 cintas de casete. En ellas, el intérprete reflexiona, improvisa poemas e imagina mundos. A eso se suman las cartas que enviaba casi a diario a su familia, a sus amigos y a Buñuel.
«Me gusta siempre trabajar con material de archivo, pero nunca imaginé nada semejante», comentó Benítez. Ante tanto volumen, replanteó el proyecto. Entendió que el hilo conductor debía ser la voz del protagonista. «La historia la tenía que contar Paco», resumió. Su objetivo era hacer «un retrato de la parte más humana y de esa vida tan fascinante que descubrí en las cintas, más allá de su trayectoria cinematográfica».
Benito Rabal, por su parte, aclaró que su padre no pensaba en la posteridad. «Él jamás se consideró una estrella, era un trabajador, un trabajador de la cultura», sostuvo. Esa voz, «de trompeta rota» según la recordaba su compañera de toda una vida, Asunción Balaguer, ocupa cada segundo de la película sobre Paco Rabal.
De una aldea de Águilas a los estudios de Madrid
Francisco Rabal nació en una aldea de Águilas, en Murcia, y emigró a Madrid. Era hijo de minero y creció en una casa humilde. Por eso explicaba su ideología con una frase que solía repetir: «Yo soy comunista porque he nacido pobre y no tengo más remedio que ser comunista».
Empezó a trabajar con 16 años en los Estudios Chamartín. Allí recibió un consejo de su padre: «Hijo, haz las cosas bien para poder protestar luego». La directora destaca cómo el destino apartó al hijo de una familia humilde de las tareas del campo. En el cine, de hecho, empezó haciendo chapuzas, sin abandonar sus principios ni sus raíces.
Benítez relata también una conversación durante un viaje familiar en tren a Madrid. Su madre le pidió que camuflara su acento para que no se rieran de él. «Sin embargo, como era una persona rebelde y combativa, respondió que no», contó la cineasta. Después de triunfar en el extranjero, Paco Rabal siempre regresaba a la Cuesta de Gos. En sus cintas, las imágenes con Buñuel, Antonioni o Monica Vitti se cortan de golpe para mostrarlo con los suyos.
Paco Rabal, comunista en la industria del franquismo
El actor fue uno de los galanes del cine del régimen y amigo íntimo del director Rafael Gil. Sin embargo, nunca ocultó su posición. «Hice películas con las que no estaba de acuerdo y ellos lo sabían. Yo era de izquierdas. Y aunque las hice de mala gana, no dejé escapar la oportunidad», afirmó. Trabajó con Gil y con el falangista José Luis Sáenz de Heredia antes de hacerlo con el comunista Juan Antonio Bardem. También rodó Hay un camino a la derecha, de Francisco Rovira Beleta.
Benítez no ve contradicción en esa trayectoria. «Paco Rabal era más listo que el hambre y, precisamente porque viene de ahí, sabía que eso era la escuela», explicó. Según la directora, no había otra alternativa para ser actor. Sus papeles y su imagen, añadió, encajaban con la propaganda del régimen y con el desarrollismo. Un titular de prensa lo presentaba así: «Rabal, de electricista a actor de cine». A él le fastidiaba, pero lo consideraba un oficio con el que mantenía a toda la familia.
Su filiación política le trajo amenazas. Además, Rafael Gil recibió cartas anónimas intimidatorias por darle papeles, aunque no cedió. En una ocasión, la duquesa de Alba lo invitó al palacio de Liria para mostrarle unas cartas de Goya. «Oye, ¿tú eres comunista?», le preguntó. «¿Y me vas a matar si esto da la vuelta?», insistió ella. El actor respondió: «No, a ti yo no te mato nunca. Todo lo contrario, hija».
Buñuel, Europa y el rechazo a Hollywood
Después de Bardem llegaron Luis Buñuel, Carlos Saura y Mario Camus. Luego, en su etapa internacional, trabajó con los italianos Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti y Gillo Pontecorvo. También rodó con los franceses Claude Chabrol y Jacques Rivette, y con los estadounidenses William Friedkin, Gregory Nava y Vincent Sherman.
Los idiomas, sin embargo, le costaban. Rodaba en francés e italiano, pero después lo doblaban. Por eso perdió papeles, como uno que le ofreció Jean-Luc Godard, que desistió al ver que no podría improvisar diálogos en francés. «En el fondo, no le resultaba fácil aprender lenguas porque rechazaba perder su esencia», opinó Benítez. Él mismo bromeaba sobre sus límites: «Torero, cura y bandido. No sé inglés, tampoco francés, tengo una cicatriz enorme en la cara y llevo peluquín».
Paco Rabal tampoco se prodigó en Hollywood. Según su hijo, recibió a la vez una oferta para trabajar con Ava Gardner y Tony Franciosa y otra para un papel en el Cid de Charlton Heston y Sophia Loren. «Dijo que no a las dos para irse con Buñuel», contó Benito. La directora sostiene que Buñuel fue quien más le dejó ser él mismo. Por eso, recuerda, improvisó una cartagenera en Belle de jour.
Las heridas íntimas que muestra el documental de Paco Rabal
La película repasa papeles como el Nazarín de Buñuel, el Azarías de Los santos inocentes, el torero retirado de Juncal y su último trabajo, el Goya de Saura. No obstante, pone el foco en los márgenes. Incluye una película casera rodada con sus hijos, El bandido que secuestró a la hermosísima maestra. Benito recuerda que en ella su hermana era una maestra secuestrada por un villano que solo quería aprender a leer y escribir.
También aparecen el miedo a perder el pelo, porque eso podía dejarlo sin trabajo, y la pena por la muerte de su madre por meningitis. En contraste, asoma el orgullo de haber curado la silicosis de su padre. Tras la muerte de Francisco Franco, el actor cayó en una depresión y se retiró durante un año. Según Benítez, esperaba un giro en el cine español y no se identificaba con el destape. «En su bajada a los infiernos también influye que bebía mucho», añadió.
La directora pasó de ver una figura varonil que le producía cierto rechazo a descubrir a un hombre vulnerable e inseguro, «una especie de niño que nunca había salido del pueblo». «No tenía vanidad, era muy de su pueblo y de su familia», resumió. Paco Rabal murió en Burdeos, como Goya, el pintor al que interpretó varias veces. De su amistad con la duquesa de Alba dejó grabado un recuerdo: «Nació entre nosotros una amistad bastante grande».