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La apuesta de Navantia en Estados Unidos vuelve a tomar forma con su fragata F110. El constructor naval público español presentará una propuesta como contratista principal para el programa de fragatas de la Marina estadounidense, la US Navy. Ofrecerá la versión antisubmarina Flight I, que construye para la Armada, o la nueva Flight II, centrada en la defensa aérea y antimisil, que presentó oficialmente en octubre.
La propuesta de Navantia en Estados Unidos
El anuncio lo hizo Juan Ignacio de la Cueva, director Comercial y de Desarrollo de Negocio de Navantia, en un encuentro con la prensa. «Navantia presentará una propuesta para el programa de fragatas en los Estados Unidos como contratista principal», afirmó. Además, marcó una meta ambiciosa: «Lo que esperamos es alcanzar el mismo éxito que logramos con la clase F-100 o, incluso, superarlo».
El contexto favorece el movimiento. La Casa Blanca dio luz verde al Pentágono para adquirir buques militares construidos en el extranjero. Con esa decisión, busca sortear las limitaciones, los sobrecostes y los retrasos de la industria naval estadounidense. Por eso, la llegada de Navantia en Estados Unidos encaja en un mercado que revisa sus necesidades y sus procedimientos de compra.
Sin embargo, hay un requisito de peso. La regulación estadounidense exige fabricar la mayoría de los buques en su territorio. En consecuencia, la compañía prevé tener presencia, astilleros o socios locales en el país. «Tendremos oficinas en EEUU, pero, en la coyuntura actual, creo que eso no es tan importante como contar con las capacidades adecuadas», señaló de la Cueva.
El fin de las Constellation y el nuevo programa FF(X)
En noviembre de 2025, la Marina de Estados Unidos decidió abandonar las fragatas de la clase Constellation. Ese programa se había adjudicado en 2020 al astillero italiano Fincantieri, que entonces superó a la oferta de Navantia. El plan inicial preveía seis unidades, con opción de llegar a 20. No obstante, los problemas de diseño, los retrasos y el encarecimiento llevaron a replantear la estrategia.
El acuerdo con Fincantieri mantuvo los trabajos en las dos primeras fragatas, USS Constellation y USS Congress. En cambio, canceló las otras cuatro, ya contratadas pero aún sin construir. Las dos unidades que siguen adelante todavía no se han entregado. Además, la Marina justificó el giro por su intención de impulsar barcos que puedan construirse y entregarse más rápido.
Ahora trabaja en una nueva generación de fragatas, denominada FF(X). Para ello eligió como base un diseño de Huntington Ingalls Industries (HII), derivado de un buque de la Guardia Costera. En paralelo, evalúa diseños extranjeros por una vía separada. El objetivo es recuperar cuanto antes una flota de fragatas y responder al ritmo de China, cuya Armada opera unas 50 fragatas frente a ninguna operativa en Estados Unidos.
Hasta ahora, el país analizaba tres diseños: el Mogami japonés, el Chungnam surcoreano y el Istanbul turco. La propuesta presupuestaria para 2027 reserva 1.850 millones de dólares, casi 1.600 millones de euros, para comprar hasta dos barcos construidos fuera. A partir del tercero, la producción pasaría a astilleros estadounidenses. El plan, de todos modos, aún espera las autorizaciones necesarias.
Obstáculos y bazas para Navantia en Estados Unidos
La empresa elegida tendría que hacerse con un astillero en el país, ya sea construyéndolo, comprándolo o tomando su control mayoritario. También debería trasladar allí su tecnología, formar a trabajadores locales y crear una cadena de suministro propia. Por otra parte, la competencia se mueve. El grupo surcoreano Hanwha, a través de su filial de defensa, anunció la compra de una participación mayoritaria en Hanwha Philly Shipyard, la antigua Philadelphia Shipyard.
Fuentes conocedoras del proceso advierten de otras dificultades para Navantia en Estados Unidos. Sostienen que Donald Trump priorizará siempre opciones estadounidenses. Además, creen que las tensiones entre la Administración americana y el Gobierno de Pedro Sánchez complicarían las opciones españolas. Según esas mismas fuentes, un cambio en Moncloa tras las elecciones del 29 de noviembre podría suavizar la situación.
A favor juega la relación con Lockheed Martin, que no se ha resentido por las tensiones políticas. Ambas compañías colaboran desde hace casi tres décadas. Esa alianza integró el sistema de combate Aegis en las fragatas F100 y lo llevó a las fragatas noruegas Fridtjof Nansen y a los destructores australianos Hobart. Esa transferencia de conocimiento ayudó a Navantia a desarrollar su propio sistema, el Scomba. En la F110, la relación sumó el radar SPY-7.
La compañía tampoco descarta ofrecer la Flight I, dado el interés estadounidense por buques más pequeños como el Mogami o el Chungnam. «Si consideramos a los posibles competidores, como las opciones japonesa o coreana que son buques que rondan 4.000 toneladas, es posible que no se requieran 64 celdas para misiles», explicó de la Cueva. «Todo dependerá de lo que busque EEUU», añadió.
Cómo es la fragata F110 Flight II
La Flight I es una plataforma multimisión con capacidades antisubmarinas, de superficie y antiaéreas. Combina el sistema Aegis, el radar AN/SPY-7(V)2 de Lockheed Martin y el Scomba de Navantia Sistemas. Incorpora 16 celdas de lanzamiento vertical, con espacio para llegar a 32. En cambio, la Flight II, llamada también F-110 IAMD, se concibe para interceptar a la vez ataques aéreos masivos y misiles balísticos.
Por eso eleva las celdas Mk-41 hasta 64, un requerimiento directo de la Armada. De ellas, 48 irán en la proa y 16 en el castillo. Además de los misiles ESSM y SM-2, podrá integrar interceptores SM-6, SM-3 y PAC-3 MSE, los conocidos Patriot. El radar SPY-7 completará sus sub-arrays para gestionar más amenazas simultáneas. También sumará conectividad CEC y espacio para sistemas láser.
El casco crece 4,8 metros, hasta 149,8 metros de eslora, con 18,6 metros de manga y 5,3 de calado. El desplazamiento sube 800 toneladas, hasta unas 7.000. La planta propulsora pasa de 22 MW a entre 30 y 40 MW, para alcanzar 29 nudos. Tendrá una tripulación de 170 personas y alojamiento para otras 37. Asimismo, la intención es negociar el contrato con la Armada entre finales de este año y principios del próximo, con la primera unidad operativa antes de 2035.
Arabia Saudí, Australia y otros mercados
Más allá de la oferta de Navantia en Estados Unidos, la compañía mira otros destinos. «El mercado australiano es uno de los objetivos para la clase F-110», afirmó de la Cueva. Navantia ya participó en el diseño de los destructores Hobart, construidos a partir de la F100: HMAS Hobart, HMAS Brisbane y HMAS Sydney, hoy en servicio.
Arabia Saudí es otro objetivo. Mandos de la Marina Real Saudí asistieron a una botadura reciente de la nueva familia de fragatas en Ferrol y mantuvieron conversaciones. Además, en Cádiz se botó la Neom, séptima corbeta para ese país. Los contratos de 2018 y 2024 suman ocho buques: cinco entregados y tres pendientes. El primero alcanzó 1.800 millones de euros; el segundo se estimó en otros 1.000 millones.
En tanto, Navantia se ofreció en febrero a Dinamarca con una «propuesta de cooperación estratégica» y entregas desde 2030. En el Reino Unido, Navantia UK lidera el programa Fleet Solid Support, de 1.600 millones de libras, y presentó en mayo el LASV75, un buque no tripulado de 75 metros. Por otra parte, en Ferrol ya produce la Fábrica Digital de Bloques, con 120 millones de euros de inversión y unos 45.000 metros cuadrados.