Una mujer relata que abortó con 26 semanas de embarazo en la clínica El Bosque de Madrid a los 17 años

Una mujer asturiana, identificada como Lucía L., relató que abortó con 26 semanas de embarazo en la clínica El Bosque de Madrid hace 12 años, cuando tenía 17. Hoy tiene 29 y cuenta su experiencia en primera persona. Además, denuncia que no recibió información sobre riesgos ni alternativas. También describe el trato que, según su relato, le dio el personal del centro.

De Asturias a la clínica El Bosque

Lucía L. contó que, por miedo a la reacción de sus padres, ocultó el embarazo hasta que se hizo evidente. En un primer momento, sus padres y su novio pensaron que lo mejor era abortar. Por eso acudieron a una clínica en Asturias.

Allí, según su relato, le dijeron que estaba de 26 semanas, pero que todavía podía abortar. La derivaron a la clínica El Bosque, que le presentaron como especializada en embarazos muy avanzados. El centro asturiano gestionó todo. Al día siguiente debía presentarse en Madrid a las 8 de la mañana, en ayunas y con 350.000 pesetas en efectivo.

Lo que le explicaron antes de la intervención

Una vez en el centro, le hicieron una ecografía que ella no pudo ver. Según cuenta, le aseguraron que sería como «sacarse una muela». Además, le dijeron que entre un aborto temprano y uno tardío solo cambiaban la técnica y el precio. El ginecólogo, relata, le preguntó: «Bueno, te va a doler la barriguita un poco, ¿lo quieres hacer?».

Ella afirma que no le explicaron nada sobre el desarrollo fetal, el procedimiento, la duración ni los riesgos físicos y psicológicos. Solo le indicaron que habría anestesia general. Por otra parte, una psicóloga le entregó unos test ya completados para que los firmara. Según su versión, le dijo que con eso justificaban el aborto. Después pagaron las 350.000 pesetas en un mostrador, sin recibir recibo ni justificante. Tampoco, sostiene, le hicieron pruebas previas a la intervención.

El relato de lo ocurrido en la clínica El Bosque

Lucía L. contó que, al despertar, se dio cuenta de que el embarazo seguía. Luego, el mismo médico que la había intervenido le aplicó un gel para dilatar el cuello del útero. Ella asegura que le hizo mucho daño y que, cuando lloraba, él le dijo: «O te estás quieta o vamos a estar todo el día». En su testimonio afirma: «Sufrí un maltrato brutal por parte del personal del centro».

Después llegaron las contracciones, que según su relato duraron más de 12 horas. En tanto, una doctora le habría advertido que, si no se callaba, la bajaría sola al quirófano porque asustaba a otras chicas. El parto ocurrió en la habitación. Ella dice que no sabe cómo murió su hijo. Más tarde le extrajeron la placenta en el quirófano. A la mañana siguiente, cuenta, no la dejaron ducharse porque no estaba incluido en el precio.

Las secuelas, años después

La mujer explicó que entre los 17 y los 23 años olvidó lo sucedido. Cree que su mente lo bloqueó. En su casa no se volvió a hablar del tema, tampoco con su novio, que hoy es su marido. A los 23 empezó a sufrir ansiedad, depresión y trastornos de la alimentación. Sin embargo, no lo relacionaba con el aborto.

Además, visitó psicólogos entre los 23 y los 28 años, y asegura que ninguno supo decirle qué le pasaba. Todo cambió cuando habló con su novio de casarse y ser padres. En ese momento, cuenta, comprendió lo ocurrido. Se sintió engañada por los médicos de los dos centros, por su familia y por la sociedad.

La denuncia que no pudo presentar contra la clínica El Bosque

Lucía L. contó que encontró ayuda en dos asociaciones de Madrid: No más silencio y la Asociación de Víctimas del Aborto. Según relata, allí le explicaron que lo que vivía tenía un nombre: Síndrome Post Aborto. Todavía recibe ayuda psicológica de una de ellas. También destaca el apoyo de su marido.

Por otra parte, quiso denunciar a la clínica El Bosque, pero habían pasado 12 años. Ella sostiene que lo ocurrido fue un delito y que, aun así, ya no podía hacer nada. «Ojalá la Ley fuese mas justa y se pudiese hacer algo», afirma. Hoy está casada y dice que llora casi todos los días. Llamó Hugo a su hijo. El testimonio se presenta con la consigna de que estos casos no se limitan al centro Ginemédex de Barcelona ni a mujeres extranjeras. Ella explica que lo cuenta para que se sepa «como es este negocio».

Compartir noticia: